Ana:
Me comentas que Andrea no sonríe.
Ha quedado deprimida en medio de su abundancia y de la ausencia de cariño.
Sus
padres hace tiempo que se han separado y la reconciliación era bastante
inviable.
Andrea
va pasando “de mano en mano”, al ritmo de las semanas, de Marbella a Córdoba,
de Córdoba a Marbella. ¡Verdaderamente ya no sabe bien de dónde viene y a dónde
va!
Hay
momentos que se imagina ser una “maleta
vieja”, que viaja de parte a parte. Y me preguntas si algún día podrá ser
feliz...
Ciertamente,
Ana, cuando un ser humano nace viene potencialmente con todo lo necesario para
triunfar en la vida y ser una persona autorrealizada y auténtica.
Todos sabemos, por propia
experiencia, la necesidad de integrar las partes fragmentadas y doloridas de
nuestra personalidad para desarrollar la suficiente confianza en sí mismos, y
poder conquistar un método para analizar y comprender nuestro propio
comportamiento... Y necesariamente, ese método pasa por el conocimiento acerca
de nuestro yo íntimo para ir eliminando progresivamente complejos e
inseguridades.
Vivimos
en un mundo donde cada vez, con mayor intensidad, brotan más dependencias y más
inseguridades. ¿No sientes con mayor fuerza que en el siglo de las libertades
afloran más miedos e incertidumbres, y que crecemos en un mundo cada vez menos
seguro?
Hoy
surgen grandes “monstruos” que van minando nuestra propia integración y
resquebrajan nuestra propia personalidad... El ansia de comunicación languidece
ante las soledades cada vez más dispares de muchos ciudadanos, el derecho a
conseguir un trabajo digno contrasta con la tortura psicológica del paro y de
contratos inestables, el sueño y los ideales más nobles de la humanidad en
beneficio de la igualdad y la justicia se derrumban ante la evidente realidad
del desigual reparto de la riqueza y las masas de “hambrientos” en el Planeta,
la búsqueda incesante de la verdad se eclipsa en nuestro tiempo ante la
reducción de la verdad a pura opinión de los ciudadanos, las tradiciones
milenarias de los grupos humanos se quedan enmudecidas ante la rapidez
vertiginosa de los “ritmos culturales”,....
Ana, los individuos, insertados en
grupos humanos concretos, ante los problemas que aparecen, en ocasiones,
pierden seguridad en ellos mismos y potencian visiones fatalistas y pesimistas.
Además, ¡qué duda cabe!, aparecen en el horizonte el miedo al fracaso.
¡Ojalá que tus temores y tus
miedos desaparezcan en beneficio de una autorrealización auténtica y tu amiga
Andrea sea capaz de superar ese desconcierto
y ser una joven “feliz”, superando sus desajustes emociones!