INTRODUCCIÓN A 100 CORREOS PARA ANA
El encuentro fue “casual”. Un sacerdote chateaba por Internet y apareció “Ana”, una joven en busca de su identidad.
Estos correos son el fruto de una reflexión serena y un deseo sincero para transmitir a los jóvenes las preguntas, las dudas, las inquietudes y las posibles “búsquedas” en clave cristiana.
26º CORREO: ANA BUSCA UNA PIEDRA ANGULAR.
Ana:
Te has sentido
estafada y te preguntas si verdaderamente vale la pena continuar tus estudios.
¡He notado una “crisis” y una “noche oscura del alma”! ¡Parece como si todo se
desvanece a tus pies y en medio de arenas movedizas se derrumba, de inmediato,
aquello que ha sido el fundamento y la razón de tu existir! ¡Y se cubre de gris
toda la luminosidad de las calles, de tu casa, de tus padres, de tus amigos, de
los profesores,…! ¡Es la crisis que te hace “tiritar de frío” y preguntarte si
queda algo de ti misma!
En un mundo fragmentado con
grandes fisuras a nivel cultural y social, caracterizado por la pérdida de
valores tradicionales y de las grandes ideologías que levantaron a las masas en
el siglo XX, hay un desafío fundamental: ¿dónde cimentar y fundamentar nuestra
propia identidad en este tiempo para no sentirnos perdidos y “barcos sin brújula
perdidos en el mar”?
La piedra angular debe ser
el cimiento que aglutine todas las dimensiones humanas que aparecen en nuestra
existencia, tanto a nivel interior de nuestra propia existencia como en los
factores exteriores que nos vienen de la propia realidad y cultura.
Hoy, frente a una sociedad
tan competitiva y tan brutalmente cambiante, muchos fundamentan su vida en el
dinero y el consumo. El dinero les da seguridad y les hace poderosos en esta
sociedad un sistema de globalización y de liberalización en favor del mismo
capital y de los poderosos del sistema.
Otros fundamentan su vida en
la ciencia como la única vía del conocimiento capaz de dar respuesta eficaz al
hombre y una construcción sapiencial al margen de la superstición y del
retroceso, aunque asistamos a manifestaciones cada vez más pseudo científicas
que atentan contra todo nivel no verificable y empírico, dejando al margen
grandes dimensiones humanas.
Ana,
sinceramente estoy convencido que hay una sola piedra angular que sea capaz de
armonizar todos los elementos y dar una cohesión equilibrada sin riesgo a
perder nada de si mismo y alcanzar pautas sublimes de perfección y en favor de
la solidaridad. Esa dimensión no puede ser otra que la dimensión religiosa. La
dimensión religiosa “religa” al hombre con Dios, el único dador de sentido
global último a la vida y da respuesta convincente a mi propio yo, a la
historia y a la realidad.
La dimensión religiosa jamás
rechaza nada de cuanto bueno, bello y verdadero hay en la realidad y en el
hombre mismo, armoniza la fe y la razón con una alianza no exenta de conflictos
pero que las convierte en dos alas en favor de la libertad y de la verdad, da
razones para vivir en medio de una cultura cada vez más cambiante, remite
nuestra existencia más allá de ella misma dando soporte al ansia de felicidad y
de eternidad que todos tenemos... En definitiva, la única dimensión capaz de
serenar el corazón y mantener vivos nuestros sueños, confiando en la humanidad
y en el futuro más solidario para los demás.
Un amigo.
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